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viernes, 20 de enero de 2017

Lalanda-gate, acción urgente

Voy deprisa, que no me da tiempo; los hechos corren más que las palabras. Agosto pasado, sin ir más lejos. Mónica Lalanda, médico castellana. Periplo profesional tortuoso que la llevó al Reino Unido, y la trajo de vuelta. Para más detalles, se lo preguntan a ella. Madre, médico inconformista y guerrillera. Para beneficio de su trabajo. Esto es, de sus pacientes, que a ver si estamos hablando de los marcianos.

Bueno, que la mujer revienta. Por motivos conocidos, mejor se lo leen ustedes en su blog, el médico a cuadros. Lo mejor, su entrada reciente acerca de lo que toca hoy, un esperpéntico expediente disciplinario.

¿Ya volvieron? Excelente. Podemos seguir, pues. Cualquier que conozca la profesión sabrá que lo que cuenta no es propio de Segovia, ni es de ahora, con los recortes. Son peculiaridades típicamente españolas. Y desde hace mucho. Yo mismo he escrito acerca del particular, y con peor estilo. Tal vez más veces. Excede el propósito de este post entrar en las raíces del mal sanitario español - que va mucho más allá de la situaciones de crisis -, y que permitió poner en pie un Sistema sorprendemente eficiente. Eso quiere decir bueno, bonito, pero sobre todo barato. Barato por las cosas que Mónica dice, claro. Las cosas que decimos algunos. Los pocos que nos atrevemos, vaya. Que el Sistema se edificó sobre la explotación y el "cállate". ¿Que no es verdad, que exagero? Ahora lo vemos.

Lo singular de esta profesional ha sido la valentía, la presencia en redes sociales, la capacidad comunicativa a través de sus dotes de ilustradora, pero sobre todo...

Hacer lo que todos teníamos que haber hecho hace mucho, mucho tiempo



Eso. Eso mismo. Lo que ven. Lo que están viendo. Ahí te quedas, Sistema, que te den; pa ti no estoy, que yo valgo mucho, que he estudiado mucho, que me lo curro. Así que firmo el finiquito y ya veré lo que hago con mi vida. "Que pa puta con chancletas, estate quieta...", como me decía una compañera que le decía su madre, recientemente fallecida.

Solo que la mujer lo hizo en público, en redes, tocando el tambor y contando lo que todos sabemos. Que las condiciones de trabajo españolas son las que son, y que esto aguanta a espasmo de coronaria del personal, y a golpe de cinismo de directivo

Y se nos complica la historia. Y mejor lo siguen en el blog de Mónica, y así usted y yo nos lo aliviamos. Resumen: que su antiguo jefe y media plantilla de urgencias firman una denuncia... ¡En el Colegio Médico de Segovia!... Con la intención de inhabilitarla temporalmente e impedir su ejercicio profesional en dicha provincia. Y ahí está, la mujer.

Y se me ocurren las siguientes reflexiones que, con la premura de tiempo, seguro que no acierto a priorizarlas. Ni siquiera a ordenarlas correctamente.

Primero, que el procedimiento - por llamarlo de algún modo - es nulo de derecho, y vacío de valor. El artículo 26 de la Constitución Española establece con claridad:

"-Se prohiben los Tribunales de Honor en el ámbito de la Administración civil y de las organizaciones profesionales."

Que si comparece Mónica, es porque le da la gana. Que si no comparece, nada. Se reúnen los sesudos galenos y sus togados contratados. Vano empeño. Acto carente de valor legal. Nadie puede negarle la capacidad legal de ejercer la Medicina en el ámbito de la provincia de Segovia. 

Segundo, que lo realizado por Mónica Lalanda está protegido específicamente por el artículo 20 de la Constitución Española - Libertad de Expresión, derecho fundamental, mucho ojo -, con especial mención a sus límites. Si los demandantes consideran que la doctora los traspasó, tienen todo el derecho a ejercer la legítima defensa, pero a través de los tribunales de la Justicia ordinaria, no a a través de un Tribunal de Honor, como acabamos de ver.

Fuera ya de consideraciones meramente legales, se me ocurren dos reflexiones más:

La primera, de índole profesional. 

Maldita profesión, que se mata a si misma, y que lo viene haciendo desde que España es España. Como dijo el noble castellano en el cadalso: "Así es Castilla, señor, que hace los hombres y los gasta...". ¿Qué mal dijo la doctora que contra ella embestís sin piedad, queriendo anularla como doctora? ¿No sufrís todos igual? ¿O es que el rugido de bar os ofrece mejor consuelo? ¿Os tiene que dar la mujer lecciones de valentía doble, por aceptar la precariedad económica y por hacerlo en público? ¿O será que al hacerlo así pone de manifiesto vuestra pública vergüenza, dado que aceptais lo inaceptable? ¿Sus palabras os hacen más sangrante lo baja que está vuestra cerviz y lo próximos que quedan vuestros labios de los pies del amo? Agradecido le estoy, que airea situaciones que no son segovianas ni palentinas, sino que se extienden como una mancha de aceite, del cabo de Gata al de Finisterre...

La segunda, más general.

Que obrando así la doctora no solo defiende sus derechos como trabajadora. Defiende la calidad de un trabajo que es vida y Salud para el ciudadano. Y sobre todo para el más desprotegido, el que no tiene otro sitio a dónde ir. 

Fue por esa común idea por lo que contacté con ella y por lo que quedé admirado por ese gesto del que yo no fui capaz, en su día. Arrojarme contra los molinos de viento, o andar a liberar galeotes. Yo solo fui capaz de narrar experiencias que ella valoró, a su vez, como impactantes. Un nada, a su lado. 

POR ELLO: pido hoy a todos los médicos de honra y justicia de este que aún es Reyno que dirijan un tuit urgente a @JrSendin y a @OMC_espana para conseguir la anulación de este expediente irrisorio. Pido, del mismo modo, a todos los ciudadanos de bien que hagan lo mismo, encontrando aquí un motivo simple y barato para manifestar una opinión en favor de una mujer valiente que se puso en evidencia en favor de los derechos de todos.

@frelimpio

Y, de @mlalanda. Novela, picar aquí.
 
 



 

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