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lunes, 21 de noviembre de 2016

La Leyenda de Pedro Sánchez, El Empecinado, y la Mala-Mala


Susana; te equivocas.
Ni idea de lo que va este pueblo. Ni el andaluz, ni el español. Ni idea, ya te digo.
Se te ve que tu mundo es el Partido y sus Congresos, el pasillo, el conciliábulo y la navajá trapera. En eso, la maestra, no te lo niego. Pero, más allá de eso, se acabó tu mundo. Ni idea de lo que es llevar una alcaldía, por ejemplo. Ni mucho menos un aula con veintisiete alumnos. O una consulta con cuarenta y seis pacientes, el uno tras el otro. Ni una carpintería, o una tienda de ultramarinos. Ni un juzgado leñero. Ná de ná, que se dice.
Tu problema es ese, tía: que el olor a humanidad, como que de lejos. A lo mejor, en los mítines, para dar alaridos y darle besos a las abuelas y a los niños chicos. Y poco más. Si al menos te hubieras pegado a tu padre, sabrías lo que son las herramientas, el olor a husillo, los vecindarios, las escaleras y la gente. Pero ná, ya te digo. Lo tuyo era el Partido y por culpita de él, esa carrera de Derecho - qué dolor -, acabada a trancas y barrancas, diez añitos. Si al menos te hubieras chupao una pasantía…
Pero hoy yo no voy a eso. Digo que te pierdes las mejores. Experta eres en desarmar a un rival en el Partido. En eso, vencedora en mil combates. Mil gestoras lo atestiguan – un poner; no sé cuántas, la verdad -.
Pero no te has dao cuenta de ná, en el fondo.
Este país acuñó hace tiempo varios calificativos para la gente como tú, ligeras de bagaje profesional o intelectual, pero diestra en otras artes. En cualquier caso, permítaseme que los omita. No tengo ganas de acabar en el juzgado, la verdad. No tengo padrino, ni perrito que me ladre.
Y te digo que, con todo, conoces poco tu tierra. Viera se la conoce mejor. Y Zarrías, no te digo nada. Pero tú, naranja de la china.
Este país valora poco el discurso y el intelecto, la finura y el razonamiento – en eso, llevas mucha ventaja; no te digo que no -. El “programa, programa” de Julio Anguita tiene las piernas cortas: te lleva directo a la oposición, si no a la irrelevancia. La gente no se los lee, ni les interesa. Asumen que, una vez en el poder, son papel mojado. Y no suelen tener la costumbre – ni los medios – de recordar al poder lo prometido y votar en consecuencia. Cortitos de memoria somos, Susana, y con ello juegas en nuestra contra. Pero, en fin, hoy no va de eso. Va de ti, Susana.
Creo adivinar que este país simpatiza con los resistentes, los fieles a si mismos. Y en eso cometes un error fatal. Es el país de Viriato – compartido con Portugal – y el de Don Pelayo. O el de los comuneros. El de Daoiz y Velarde, el de los fusilados del Dos de Mayo. El del “¡No Pasarán!” o “Caídos por Dios y por España”. No negociaron nunca – parece que se nos da mal -. Y, en esas, nos cae la de Numancia o la de los últimos de Filipinas. Somos el país de Blas de Lezo contra toda la Armada Inglesa – tuerto, cojo y manco, “el medio hombre” -, pero ahí sus cojones. Maquis y guerrilleros, “sin novedad en el Alcázar”. Y si hay que meter cuota, cuota metemos: Manuela Malasaña, Agustina Zaragoza o María Pacheco, "La Leona de Castilla"... Aquí no se rinde naide, ni se pacta. No sé si te enteras de lo que te digo.
No voy a entrar en disquisiciones en torno a si Pedro tuvo o no que ser elegido en su momento – al fin y al cabo, fue cosa tuya, ¿No es verdad? -. Lo que a todos nos quedó negro sobre blanco es que le espetó a Rajoy – el de la tijera magna y la mano más magna aun – “que era un tipo indecente”, en público y en sus barbas. Se instaló luego en el “no es no”, y de ahí no se bajó, por sus santos cojones. No podía… ¿Cómo hacerlo? Cuéntanos ahora que iba a pactar con Herri Batasuna y con la tipa del cepillo de la CUP de los catalanes. Será o seró, lo que tu digas, que ya habías perdido la credibilidad, guapa. Porque Perico se la había ganado, hicieras lo que hicieras, escribiera El País en tromba lo que le diera la gana. Cada vez que decía “no es no”, sonaba de fondo “Ay, Carmela”, ¿No te dabas cuenta?
Y aquellos días de septiembre, embestida mortal de los suyos, el guerrillero desalojado de su cueva… ¿Lo hiciste con qué apoyo, con qué autoridad moral? ¿No te diste cuenta de que Felipe ya no es el joven sexy del 80, sino un viejo acomodado rodeado de amistades convenientes? Adecuadamente travestidos para la ocasión, tú hiciste de Pedrosa, y Pedro Sánchez de Mariana Pineda – espero que no te lo tenga que explicar -. Y si no te aclaras, te vienes de incógnito a la #granada27n de Mariana Pineda, a ver lo que dice la gente, a enterarte del porqué de los #2hospitalescompletos y a conocer a @spiriman (#yeah!). Pero no mandes otra vez a los migueletes, como en Ferraz (“yo soy aquí la única autoridad”, qué frase tan desgraciada, la de tu Verónica), que Perico tuvo que echarse al monte, como José María el Tempranillo.
Dice nuestro pueblo: “cría buena fama, y échate a dormir; críala mala, y échate a morir”. Ya puedes pasearte por todos los platós del país, Susana, que lo de mala de película ya no hay quien te lo quite. Te lo dije en la entrada del caballo.



Y lo peor: que cada vez te veo más cara de mala. 
@frelimpio
PD Que mi oferta de regalarte un ejemplar de mi novela sigue en pie. Así te enteras de muchos porqués de la cosa sanitaria. Ya te digo, excelentes referencias. Sinopsis, aquí.

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