K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería o consíguela en eBook.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Sistema Sanitario Público: Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley


Recientemente, intenté describir parte de las tensiones de la medicina contemporánea como la “medicina basada en el cabreo” (anger-based medicine). Una confrontación irresoluble entre tres partes que no tiene visos de alivio. Pensando acerca del tema, en un paréntesis del conflicto hospitalario que vive Andalucía, he tirado de una de mis lecturas de juventud, que encuentro especialmente aplicable.
Se trata de “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley. Seguro que la mayor parte de ustedes la han leído. Y los que no, no sé a qué esperan, la verdad. No les voy a hacer de “spoiler” – me encanta el término -, pero les adelanto que se basa en una sociedad futurista basada en la clasificación de los individuos - predeterminada desde la cuna - sobre la base de la capacidad intelectual (alfa, beta, gamma y épsilon, de mayor a menor inteligencia).
Viendo lo que ha pasado los últimos años, no puedo evitar la impresión de que la gestión clínica contemporánea – y más la gestión clínica contemporánea politizada que nos rodea – desea un mundo sanitario así, más o menos:
-Un mundo alfa, de políticos y altos directivos sanitarios. Gasto y grandes movimientos de presupuesto. Macrogestión y grandes pactos con otras fuerzas políticas y sindicales. Pocos, muy pocos. También me recuerda al “Inner Party”, de “1984”, de Orwell, otro de mis libros de culto.
-Un mundo beta, de gestores y cargos intermedios. Lo que llamamos la mesocracia. También les denominamos los politiquillos. Cargos directivos de mediana importancia que tienen un tiempo, en flujo con el estrato que veremos a continuación y, más raramente, con el que acabamos de ver. Son gerentes de macrohospitales o de Servicios de Salud. Sufridores y cínicos.
-Un mundo gamma, de “técnicos”. Usted puede ser un excelente neurocirujano, pero sólo es un “técnico”, según los dos estratos precedentes. No se diferencia en nada del resto de “técnicos” que conforman un hospital o un centro de salud, haya estudiado lo que haya estudiado, o sea su responsabilidad la que sea. Se calla y ejecuta órdenes. Usted no sabe nada de la complejidad del mundo de arriba, de lo posible y lo imposible, de las complejidades del gasto. No piense; ejecute.
-Un mundo épsilon, “la masa”. El usuario. A tener en la inopia profunda. Una inopia amable, disfrazada de caricia o sonrisa. Camuflado el desprecio cínico por panfletos guay, relativos a todo un mundo de derechos y posibilidades que raramente serán realidad, o lo serán con tal cúmulo de condiciones y cortapisas, que mejor dejarlo. El “soma” de “Un Mundo Feliz” es una cultura televisiva futbolera de teleseries de risa fácil. O ese es el concepto – y el trato – para los épsilon propiciado por este “Mundo Feliz” sociosanitario amparado por ciertas cadenas televisivas.
Esta es la base de la Medicina Basada en el Cabreo. 
Aunque no es así. Nunca lo fue, de hecho.
1)   Ni hay mundo épsilon, ni nunca lo hubo. El desprecio escondido hacia la ciudadanía esconde una profunda ignorancia, probablemente cómoda. La población es un mundo complejo compuesto por gente heterogénea, tan variopinto como las encuestas de opinión. La telebasura y sus consumidores no consiguen ocultar que hay una creciente masa gris social - por el color de la corteza cerebral - hasta el moño del cinismo de alfas y betas, dispuestos a liarla parda ante el retroceso progresivo de sus derechos.
2)   El mundo gamma está hasta las narices de obedecer y recibir palos en la boca. Harto de la consigna fácil y el autoritarismo, y de ir diariamente a la trinchera, a tratar como enemigo a quien es el motivo de su existencia y quien debe ser su razón de ser profesional. Hastiados de diluir sus competencias profesionales en una palabrería de nuevo cuño como “gestión por competencias” o “sostenibilidad del sistema”. Desencantado ante un mundo beta que muestra un infinito desdén por sus inquietudes profesionales, y les responde - tantas veces - dándoles órdenes a gritos.
3)   Los beta son ya conscientes de que están ahí un ratito, al albur de los tiempos políticos. Víctimas de pasiones humanas, como la ambición o el egoísmo. Aquellos de ideales más nobles se carbonizan rápido, y vuelven al gamma, a vegetar o a escribir sus memorias. Unos pocos vuelan más altos, de la mano de este o aquel, a justificar lo injustificable, mirando hacia donde conviene y hablando de lo que hay que hablar, esperando en el salón de los pasos perdidos para entrar en…
4)   El mundo alfa. Pero, de estos, mejor no hablo, ¿Verdad?
Lo sorprendente – y lo valioso de “Un Mundo Feliz” – es lo universal que es esta estructura, sea en la antigua Unión Soviética o en los modernos Estados Unidos de América. Pero seguimos hablando otro día, que el post me salió muy largo.
Como pausa para publicidad, deciros que mi primera novela KOL Líder de Opinión sigue sumando reseñas. Os dejo la última, nada menos que de @FernandoFabiani, médico de Atención Primaria, actor y escritor (“Venga sin Cita”). Interesados, picar aquí.
@frelimpio

lunes, 21 de noviembre de 2016

La Leyenda de Pedro Sánchez, El Empecinado, y la Mala-Mala


Susana; te equivocas.
Ni idea de lo que va este pueblo. Ni el andaluz, ni el español. Ni idea, ya te digo.
Se te ve que tu mundo es el Partido y sus Congresos, el pasillo, el conciliábulo y la navajá trapera. En eso, la maestra, no te lo niego. Pero, más allá de eso, se acabó tu mundo. Ni idea de lo que es llevar una alcaldía, por ejemplo. Ni mucho menos un aula con veintisiete alumnos. O una consulta con cuarenta y seis pacientes, el uno tras el otro. Ni una carpintería, o una tienda de ultramarinos. Ni un juzgado leñero. Ná de ná, que se dice.
Tu problema es ese, tía: que el olor a humanidad, como que de lejos. A lo mejor, en los mítines, para dar alaridos y darle besos a las abuelas y a los niños chicos. Y poco más. Si al menos te hubieras pegado a tu padre, sabrías lo que son las herramientas, el olor a husillo, los vecindarios, las escaleras y la gente. Pero ná, ya te digo. Lo tuyo era el Partido y por culpita de él, esa carrera de Derecho - qué dolor -, acabada a trancas y barrancas, diez añitos. Si al menos te hubieras chupao una pasantía…
Pero hoy yo no voy a eso. Digo que te pierdes las mejores. Experta eres en desarmar a un rival en el Partido. En eso, vencedora en mil combates. Mil gestoras lo atestiguan – un poner; no sé cuántas, la verdad -.
Pero no te has dao cuenta de ná, en el fondo.
Este país acuñó hace tiempo varios calificativos para la gente como tú, ligeras de bagaje profesional o intelectual, pero diestra en otras artes. En cualquier caso, permítaseme que los omita. No tengo ganas de acabar en el juzgado, la verdad. No tengo padrino, ni perrito que me ladre.
Y te digo que, con todo, conoces poco tu tierra. Viera se la conoce mejor. Y Zarrías, no te digo nada. Pero tú, naranja de la china.
Este país valora poco el discurso y el intelecto, la finura y el razonamiento – en eso, llevas mucha ventaja; no te digo que no -. El “programa, programa” de Julio Anguita tiene las piernas cortas: te lleva directo a la oposición, si no a la irrelevancia. La gente no se los lee, ni les interesa. Asumen que, una vez en el poder, son papel mojado. Y no suelen tener la costumbre – ni los medios – de recordar al poder lo prometido y votar en consecuencia. Cortitos de memoria somos, Susana, y con ello juegas en nuestra contra. Pero, en fin, hoy no va de eso. Va de ti, Susana.
Creo adivinar que este país simpatiza con los resistentes, los fieles a si mismos. Y en eso cometes un error fatal. Es el país de Viriato – compartido con Portugal – y el de Don Pelayo. O el de los comuneros. El de Daoiz y Velarde, el de los fusilados del Dos de Mayo. El del “¡No Pasarán!” o “Caídos por Dios y por España”. No negociaron nunca – parece que se nos da mal -. Y, en esas, nos cae la de Numancia o la de los últimos de Filipinas. Somos el país de Blas de Lezo contra toda la Armada Inglesa – tuerto, cojo y manco, “el medio hombre” -, pero ahí sus cojones. Maquis y guerrilleros, “sin novedad en el Alcázar”. Y si hay que meter cuota, cuota metemos: Manuela Malasaña, Agustina Zaragoza o María Pacheco, "La Leona de Castilla"... Aquí no se rinde naide, ni se pacta. No sé si te enteras de lo que te digo.
No voy a entrar en disquisiciones en torno a si Pedro tuvo o no que ser elegido en su momento – al fin y al cabo, fue cosa tuya, ¿No es verdad? -. Lo que a todos nos quedó negro sobre blanco es que le espetó a Rajoy – el de la tijera magna y la mano más magna aun – “que era un tipo indecente”, en público y en sus barbas. Se instaló luego en el “no es no”, y de ahí no se bajó, por sus santos cojones. No podía… ¿Cómo hacerlo? Cuéntanos ahora que iba a pactar con Herri Batasuna y con la tipa del cepillo de la CUP de los catalanes. Será o seró, lo que tu digas, que ya habías perdido la credibilidad, guapa. Porque Perico se la había ganado, hicieras lo que hicieras, escribiera El País en tromba lo que le diera la gana. Cada vez que decía “no es no”, sonaba de fondo “Ay, Carmela”, ¿No te dabas cuenta?
Y aquellos días de septiembre, embestida mortal de los suyos, el guerrillero desalojado de su cueva… ¿Lo hiciste con qué apoyo, con qué autoridad moral? ¿No te diste cuenta de que Felipe ya no es el joven sexy del 80, sino un viejo acomodado rodeado de amistades convenientes? Adecuadamente travestidos para la ocasión, tú hiciste de Pedrosa, y Pedro Sánchez de Mariana Pineda – espero que no te lo tenga que explicar -. Y si no te aclaras, te vienes de incógnito a la #granada27n de Mariana Pineda, a ver lo que dice la gente, a enterarte del porqué de los #2hospitalescompletos y a conocer a @spiriman (#yeah!). Pero no mandes otra vez a los migueletes, como en Ferraz (“yo soy aquí la única autoridad”, qué frase tan desgraciada, la de tu Verónica), que Perico tuvo que echarse al monte, como José María el Tempranillo.
Dice nuestro pueblo: “cría buena fama, y échate a dormir; críala mala, y échate a morir”. Ya puedes pasearte por todos los platós del país, Susana, que lo de mala de película ya no hay quien te lo quite. Te lo dije en la entrada del caballo.



Y lo peor: que cada vez te veo más cara de mala. 
@frelimpio
PD Que mi oferta de regalarte un ejemplar de mi novela sigue en pie. Así te enteras de muchos porqués de la cosa sanitaria. Ya te digo, excelentes referencias. Sinopsis, aquí.

Impertinencias de una Chavala (minirrelato)


Lolita tiene 13 años. Ni uno más, ni uno menos. Y ahí la tienes, lavando los platos, uno a uno. Dio de comer a sus tres hermanos, abajo en la cocina. Y luego vació los restos en la basura. Y ahora tiene que subir al cuarto de baño de sus papás a fregar la vajilla con todo el cuidado de no caerse por la escalera.

Y todos nos preguntamos el porqué de una situación tan anómala. Que nos conteste Lolita:

-Se nos atascó el desagüe del fregadero y no tenemos dinero para arreglarlo. Y ahí que anda mami limpiando escaleras para llegar a fin de mes. Tenemos que ayudar todos para sostener la casa.

Llegá papá, de noche, el tufo a coñac mezclado con el olor a perfume caro. La chiquilla le halló una extraña sonrisa y un resto sospechoso de carmín en la solapa. Mamá no llegó aún; largas son sus horas de balde y fregona.

Se sentó el hombre en la sala, los pies por alto. Los chicos duermen desde hace un rato. La chavalilla agotada se le sienta al lado, a hacerse notar:

-Que ya podríamos tener la cocina completa, papá, y no tener que andar de acá para allá con los platos sucios...

Y el otro, que suelta un eructo, y añade:

-¿Qué sabrás tú de lo que es llevar una casa, chiquilla?

@frelimpio

#27nyovoy #granada27n  #huelva27n #yovoy




miércoles, 16 de noviembre de 2016

La Joya de la Corona


Hola Susana;

Alguna vez me planteo qué hay detrás de tu frente trianera. Fíjate: te concedo el beneficio de la duda. Quiero decir, se me ocurre incluso que podría ser que hubiera una estadista, y no un pozo de ambición, dispuesto a lo que sea.

Si así fuera, te interesaría saber por qué nos cabrea tanto que repitáis tanto esa estúpida propaganda oficial de lo de la “Joya de la Corona” con la Sanidad Pública de Andalucía… ¿A quién intentáis engañar?

Saldrías de tu círculo de pelotas y corifeos, te pondrías un hiyab –un poner -, y te irías a las Urgencias o al Centro de Salud más cercano, de purito incógnito, a ver cómo funcionan las cosas. Sin alfombras rojas, sin que te reciba el comité del equipo directivo y sin que te preparen el centro. No, Susana: te vas a la Puerta del Morato – como se ha conocido siempre a la Puerta de Urgencias de Virgen del Rocío – el sábado que viene, sobre las once de la noche. Y sin avisar, ya digo. Te presentas en triaje, y dices que te duele la barriga. A ver cómo te va, qué caras ves, qué cuenta la gente. Y mejor: haz un muestreo. Te acercas por Graná, a entender la movida que hay. A ver por qué una ciudad entera se levanta “contra Sevilla”, como dicen por allá – acá decimos “contra la Junta” -.

Porque la corona que te pusiste en lo alto, al estilo Napoléon, debe tener otras joyas – ya hablaremos de eso, más adelante -. La Sanidad Pública no se arregla con productos de relumbrón, ni leyes avanzadas, como esas que publicasteis en la prensa amiga –“ parole, parole” -. Si hay una estadista en ti – mira, te lo voy a conceder -, sabrás que hay dos Españas, y presides una comunidad de lo más pobre, sin convergencia advertible desde que tu partido la gobierna - ¿Miento acaso? -.

Los mapas epidemiológicos señalan que tu tierra - Andalucía Occidental - es campeona en obesidad, hipertensión, ictus y diabetes. Correlatos habituales de la pobreza, por otra parte. No te voy a responsabilizar de ello. Ni a tu partido tampoco. Pero durante el larguísimo período que Andalucía ha sido gobernada por el PSOE de Andalucía no ha habido la más mínima convergencia real con España. Y ello sí es un asunto que debe movernos a reflexión, digo yo. Parecemos fieles a la pobreza relativa. Y a todos sus correlatos. Porque la economía tiene una serie de correlatos sociosanitarios. Y los correlatos sociosanitarios deben ser atendidos por un Servicio de Salud de inspiración socialdemócrata – tal fue siempre vuestra vocación, ¿No? -. Disponer de una “Joya de  la Corona” ad hoc.

Pues no, mire usted.

Cinco minutos por acto médico en Atención Primaria, de media. Cinco minutos, minuto arriba, minuto abajo. Cinco minutos, quitando el tiempo de la pantalla, el tiempo de DIRAYA – un minuto y medio, más o menos, si tiene suerte y no se cuelga el sistema -. Al final, tres minutos y medio, si el médico te mira a la cara. Tres minutos y medio para preguntarte si fumas o no, y por qué no lo dejas. Tres minutos y medio para preguntarte qué tensión tienes y por qué no te la tomas. Tres minutos y medio para preguntarte qué medicamentos tomas, si los tomas y cómo te sientan. Tres y minutos y medio para preguntarte cómo te sientes y qué dieta haces. Y si haces algo de ejercicio. Y si, al hacerlo, notas algún síntoma. Tres minutos y medio, hostia. Tres minutos y medio, que el nota se pone a escribir en el ordenador y dejó de escucharme.

Tres minutos y medio, Susana. Como en los tiempos de Franco. Tres minutos y medio, en eso quedó la reforma sanitaria. Tres minutos y medio. Pero mucho más viejos, pluripatológicos y polimedicados. Revele su rollo en tres minutos y medio, que me dedico a la pantalla, que el director de Unidad me chilla, y los compañeros me miran mal. ¿Lo haces porque no tienes un gordo, o para no dejarlos pensar, que no prescriban y que no deriven al especialista? Porque conozco a los chavales, Susana; los llevo formando en endocrino desde que Franco era cabo – y estoy coñazo con la referencia asesina -. Pero más asesinos son tus putos tres minutos y medio para los pacientes de Andalucía, que no permiten hacer una buena medicina primaria con un buen personal – y me consta que lo tienes, Susana, hostia, que los conozco de primera mano -.

¿En qué coño piensas, mujer, cuando hablas de la “Joya de la Corona”?

Cuando tuve que dar de alta forzada – lo cuento en mi novela KOL Líder de Opinión – a mis pacientes complejos con diabetes – “no queremos cohortes de excelencia”, como se me decía -, esos cursis de la mesocracia atildada me esgrimieron el plan de diabetes y la gestión clínica, entonces tan en boga. Y yo dije “vale”, con el corazón encogido, pensando en toda esa chavalería voluntariosa que formaba en Atención Primaria.

Pero ahí están, los cinco minutos del acto médico en Primaria, que se quedan en tres y medio. Que no, miarma, que no es chicle: es un muro comevocaciones. Ya puedes mandar a la mierda a esa gentuza de la Consejería que les dicen a los de Primaria: “Gestiona mejor tu tiempo”. Hace tiempo que esa gente se olvidó de lo que es el olor a humanidad. Y tú y los tuyos vais con la alfombra roja a todas partes; sólo tenéis que desenfundar el móvil. A ver si se te cae de la boca la sonrisa hipócrita.

@frelimpio

(Pausa para publicidad: que si quieres un ejemplar de mi novela, te la regalo, Susana; las referencias son excelentes) 

sábado, 12 de noviembre de 2016

Anger–Based Medicine (o La Medicina Basada en el Cabreo)



Somos una sociedad envejecida, no cabe la menor duda. Nada más hay que mirar la pirámide demográfica. Y lo que te rondaré morena, por otra parte: nuestras tasas de natalidad son las más bajas del mundo, y no hay quien las levante.

Como sociedad, hemos cambiado hábitos en los últimos decenios. Podríamos decir muchas cosas, pero vamos a lo incontestable: somos más gordos, en términos generales. Y, como consecuencia de los dos hechos anteriores, hay más enfermedad cardiovascular y diabetes. Un hecho paradójico, en parte consecuencia, y en parte limitación de la prolongada duración actual de la vida. Una vida que es, en general, mucho más larga que antes. Larga, pero achacosa. Y ahí voy.

Puede proponerse que nuestra medicina científica occidental es hospitalista y asistencialista, fragmentaria y tecnificada, deshumanizada y particularizada. No seré yo quien la relacione con la elevada esperanza de vida en la actualidad; no caigo en ese simplismo. Pero, por contra, a nadie se le escapa que la medicina que ejercemos es mucho más eficaz y efectiva que la que practicábamos en décadas previas. Mucho más basada en hechos contrastados. Eficiente hasta el extremo, de la manos de gestores cuya mano raya lo insufrible. Y, por subrayar otro punto de vista, ha sufrido una tensión terrible entre el volumen de conocimientos adquirido y la insuficiencia de medios para aplicarlos de un modo medianamente equitativo a nuestro cuerpo social. Pero es una medicina cuya estructura y funcionamiento chirrían por todas partes en relación a la sociedad que quiere o debe sanar, y a sus modos fundamentales de enfermar. Lo que comentaba en los dos primeros párrafos, vaya.

Es la base para la muerte (¿de éxito?), o la lucha a tres de la que surge una propuesta de paradigma: la medicina basada en el cabreo (anger-based medicine, que la acabo de bautizar). No por chusca, menos realista.

-Una población que envejece y, por tanto, que enferma. Una población con un acceso inaudito a la información de lo más variada: la buena, la mala y la regular; la desinteresada y la sometida a oscuros intereses. Una población capaz de buscar información, pero sepultada bajo toneladas de datos y de opiniones, y con serios problemas para filtrar adecuadamente aquello que le afecta. Una población vapuleada por una burocracia fría, por listas de espera y por masificaciones. Por tratos desconsiderados y personal carbonizado. Huérfanos, a veces, y otras tomados por gilipollas, al escribir reclamaciones de las que se tiene la impresión que tienen el valor del papel higiénico. Una población tentada de pagarse una compañía de seguros, porque allí todo va mejor, o más rápido, hasta que les llega el tío Paco con la rebaja y la sonrisa profidén. Gente que quiere más de nosotros, pero que piensa - no sin razón - que ya paga “hasta por respirar”, como escribía Quevedo. Gente instalada en el cabreo - mal reconocido en las encuestas de satisfacción -, aunque – por otra parte - nunca tantos tuvieron acceso a tanto, y de un modo algunas veces tan inmediato. Pero, de repente, todo está en la cuerda floja. Es que nunca tantos tuvieron acceso a tantas prestaciones que costaban tanto, con tan poca población activa. Cosas de la demografía, oiga.

-Una profesión sanitaria – médica, enfermera y mucho más, oiga – achicharrada, estirada como el chicle. Gente que, en general, disfrutan de lo que hacen. Y si no disfrutan, disfrutaron tiempo ha, hasta que se lo pusieron poco menos que imposible. Que llevan el rescoldo dentro, casi apagado o apagándose a puro palazo en la boca, oiga. Gente que estudió hasta dejarse los ojos, Luego sufrió los males de un país en el que trabajar era misión imposible y ahí fue con los bártulos, de un lugar a otro, dejándose la sonrisa a jirones. Que ya saben de los contratos y los derechos, de los gritos de los jefes, de precariedades y de amenazas – veladas o declaradas -. Pero, lo peor, con todo, es tener en la cabeza la idea de mil conocimientos y cuidados que se podían hacer y no se hacen. No hay lugar, no hay tiempo. “Lo que yo haría por ti, si el otro me dejase”, parecen decir sus ojos resignados. Y callar. Y callar siempre. El miedo o la abnegación. Porque, puertas afuera, no se entiende nada de esto: “os quejáis de vicio”, dicen las almas mezquinas. Mejor seguir en silencio; "algún día me jubilo". Lo de antes: gente instalada en el cabreo. Un cabreo silencioso, gruñidos de barra de bar.

-Una gestión clínica entregada a la cuadratura del círculo. Gentes venidas de la profesión sanitaria – o huyendo de ella -. O venidas de la abogacía, o caídas del platillo volante más mono. Da igual, mínimo común denominador: no les llega el olor a humanidad, ni el ruido de los gritos. O no les llega lo suficiente. Forman la llamada mesocracia, lo intermedio, lo que manda. Manda más que arriba, pero mucho más que abajo. Podría explayarme aquí, y ponerlos a parir. No caigo en la fácil tentación: alguno que otro – u otra – hay que tiene buenas intenciones y se lo curra, para qué vamos a decir otra cosa. Lo que no quita que el buen hombre – o el cínico redomado – siga ante un imposible, la cuadratura del círculo: un presupuesto con el que es imposible contentar ni a tirios ni a troyanos. Sea en la pública o en la privada, ojo, que la pela es la pela. Pero en la pública, además, con la puta política, sus plazos y sus rentabilidades. A cuadrar lo imposible, a disimular lo indisimulable, a la sonrisa fija y la palabra hueca. A negar lo obvio: que no hay un gordo para esto - ni lo hay, ni se le espera -, y que la gente está más exprimía que un limón. Pero a machacar que este Sistema – y por ende, el gobierno respectivo – es el mejón del mundo. Un cabreo disimulado bajo la máscara de la sonrisa, y la puñalá trapera de puertas a dentro. Y el paripé, de puertas afuera: el espectáculo debe continuar, que mañana mismo hay elecciones, y la presidenta venga a inaugurar quirófanos. Lo de siempre.

Al final, el cabreo. El cabreo siempre. El cabreo como base del Sistema. El cabreo ineludible. El cabreo exasperante. El cabreo cabreante. El cabreo porculizante. El cabreo, pese a todo. El cabreo a la entrada. El cabreo a la salida. El cabreo para el desayuno, el almuerzo y la cena. Y si te vas de tapas, el cabreo también. El cabreo al acostarte y al levantarse. Y no te hagas ilusiones, que el cabreo te persigue en tus sueños. 

Y ahora, pégale otro tijeretazo al cabreo. O diles que volvemos a las 35 horas, y que acabe no siendo verdad, por esto o por lo otro. O niégale a Granada sus #2hospitalescompletos. O sigue con las fusiones hospitalarias, patadas en las espinillas. O que se encuentre una mordida en medio del cabreo. Que sí, hombre que sí, que puede uno cabrearse más todavía. ¡Hasta el infinito... Y más allá! Por lo pronto hasta 




Pausa para Publicidad (Que el cabreo yo me lo quité escribiendo. No es mala terapia, que la aconsejo. Y el producto, mi primera novela, también lo vienen aconsejando gente de relieve. No os la perdáis; interesados, picar aquí).



@frelimpio

viernes, 4 de noviembre de 2016

Graná me tiene contento


Graná me tiene contento. Y no lo digo en el doble sentido, tan propio de mi tierra, Sevilla. Aquí, cuando uno suelta una de esas, es que quiere decir la contraria.
Pues no, mire usted, lo digo en el sentido en el que se lee: que Graná me tiene contento. Contentísimo.
Y me explico, por supuesto:
Graná está rompiéndome dos supuestos con los que nací y con los que pensaba que me iba a morir.
El primero, que los poderosos hacen lo que les da la gana, ya puedes manifestarte, gritar o quemarte a lo bonzo con tus criaturas delante de su puerta. Que voceros tienen y tendrán para manipular la información, y presentarla en tu contra. Y almas mezquinas bienpagás hay por todos los rincones, dispuestas a repetir una y mil veces las mentiras de los voceros. Y contra eso, nada se puede. Sólo sonreír y mendigar benevolencia.
Ayer fue la jactancia de unos y hoy es la de otros, los que todo lo saben o supieron porque mayoría tienen o supieron construirse. Los que disponen que el AVE llegue a Graná antes o después o, peor, mucho peor, los que juegan a un monopoly mortal – porque de la Salud tienen el monopolio –, intercambiándose puertas de Urgencia con Hospitales MaternoInfantiles, pero por parches, ahora abro esto, ahora vayan ustedes por aquí, hasta que vengan los dineros para terminar, que la culpa la tiene siempre el gobierno central.
Siempre fuimos gente sumisa, gente de “esto es lo que hay”, que es a lo que me vengo a referir. Los de las pistolas eran otros. Los de la Diada y el gato al agua eran otros, también.
El segundo supuesto - para mí más vergonzoso -, va unido a la propia profesión de médico. Tipo individualista, oscuro, cetrino, entregao a los apuntes y a tu carrera de obstáculos solitaria. Incapacitado congénitamente para la acción colectiva y para mirar más allá de tus miles de dudas sobre un diagnóstico y las incertezas de una respuesta terapéutica. Un tipejo acobardao, acostumbrao a pechar con lo que le quieran dar, al chuleo sistemático de los mismos, los de antes, los que todo lo saben o lo supieron porque mayoría tienen o supieron construirse. Los del monopoly, y no me repito más. Gente que nos han tratao como si fuéramos el cáncer de la Sanidad cuando fuerzas no teníamos ni pa responderles, que estábamos en saliente de guardia, o casi.
Y lo mismo de antes, también: que los médicos siempre fuimos gente sumisa, gente de “esto es lo que hay”. Los de las buenas condiciones laborales estaban al norte de los Pirineos, que saben bien tirarse a la yugular del Président de la République, si hace falta.
Pero todo esto se está rompiendo en Graná. Un milagro, oiga. Del Albaicín al Realejo, de la Chana al Sacromonte, miles de ciudadanos tomaron las calles y, por lo que se ve, no las piensan abandonar. “Con la salud no se juega, Susana”, “Nuestros hospitales, dotados y completos”. 
Deja de inaugurar quirófanos en el Rocío con todo tu séquito, Susana, y cesa a los inútiles que juegan cínicamente con la Salud y el Bienestar de los granadinos. Dale a estos buenas palabras, si te atreves, o promesas que se las lleve el viento, maestra como eres en el manejo de los tiempos.
Y lo siguiente, digno de admirar, el liderazgo, la convocatoria: se acabó esta profesión ciega, sorda, muda y tonta, Susana. Esta profesión médica, amedrentada, cogida por los putos huevos, con la que habéis hecho un encaje de bolillos para esto y para lo otro. Esto no es un bloguero cabreado. Esto no son cuatro tíos con una página en Facebook. Tampoco es el SATSE o el sindicato médico filtrando hechos a la prensa o a la oposición. Ni mucho menos un simple novelista contando el nacimiento de las Unidades de Gestión Clínica y sus miserias. Esto es un líder de masas que te llena las calles de una ciudad por una causa justa y grita hasta fundir las nieves perpetuas del Veleta, inunda el Guadalquivir de batas y votos, y llega hasta la Macarena, al Parlamento de Andalucía, a hacer lo que no se atrevieron los jueces: a expulsaros del pleno por todas las figuras delictivas habidas y por haber, y la peor de ellas: la soberbia y el cinismo.

@frelimpio 
PD2: Que el de la novela soy yo, por cierto (pausa para publicidad, y me disculpo, que merece la pena); se llama KOL Líder de Opinión. Pique aquí, si tiene interés en adentrarse en el lado oscuro de la medicina.